¿QUIÉN ES VITA? - Conversaciones de la tarde.

    En la tele no había nada. Elena la apagó. Quedó el silencio nada más. Las tardes de domingo suelen ser largas como años. Se acordó de la charla de la verdulería.
   -Murió Vita, ¿viste?- dijo Elena. El mate ya estaba lavado, así que se levantó de la mesa a tirar la yerba en el tarro.
    Pedro levantó la cabeza, se sacó los anteojos y los apoyó sobre el diario. Notando por la ventana que la tarde ya era tardecita preguntó:
   -¿Vita?
  Elena volvió a la mesa y puso yerba.
  -¡Vita! ¡El papá de la Moni!
  -¿Qué Moni?
  -Vas a tener que ir al médico, vos… ¿No te acordás de la Moni, que anduvo con el Ferchu?
  -¿Moni? ¿La que trabajaba en el consultorio de Garcerón?
  -No, viejo, esa es la otra Moni, la que conocimos en casa de Mabel, ¡además esa Moni cómo va andar con el Ferchu si podría ser su hija!
   Pedro se quedó pensativo, se nota en su mirada que le duele no recordar, a los casi setenta y cinco años se ha vivido mucho, se ha conocido mucha gente y las generaciones suelen entremezclarse. Se le hizo una laguna y destila bronca por tener que preguntar. Antes de hacerlo propició una chupada ruidosa al mate:
   -¿Por qué estábamos hablando de esto?
   -Porque te conté que murió Vita.
   -Pará… ¿cuál de los Vita?
   -¿Qué Vita conocés vos?
   -Bueno, conozco al que era médico, al de la florería…
   Elena supo lo que vendría, una larga investigación plagada de hipótesis y datos incomprobables en la que Pedro intentaría descubrir de qué Vita, de los más de veinte que habría en el pueblo, sería el finado.
   -Hay un Vita que trabajó en la maderera de los Grassi, hace como veinte años… ¡qué digo veinte! Hace co
mo treinta…
  -No, no es ese –aclaró Elena.
  -¡Cómo jugaba al fútbol el Zurdo Vita! –dijo Pedro emocionado, y sin reparar en la aclaración de Elena, quizás imaginándolo muerto, frunció los labios en un gesto de tristeza –pobre Vita…
  -No, Pedro, ese no es.
  -Jugó en Mercedes… pero antes pasó por Trocha… ¿Te acordás cuándo quebró a la Pantera?
  -Viejo, sacátelo de la cabeza porque ese no es. El que murió es soltero y ese Vita es casado.
  -Ah, ¿será el hermano?
   Elena se levantó a calentar un poco más la pava. Negó con la cabeza.
  -No sé.
  -Porque él tenía un hermano medio músico, tocaba la verdulera, capaz que es ese…
  -¿Era casado?    
  -No… no… pará –interrumpió Pedro –No tenía un hermano, eran primos… porque venían todos del campo.
   El viento hacía golpetear la lona de la galería sobre el portón. El servicio meteorológico en la tele daba lluvia. Pedro quedó en silencio mirando la imagen en la pantalla y Elena creyó que había abandonado la batalla.  Intentó un comentario para corroborarlo:
   -Va a llover nomás.  
   -¿Te acordás que había un Vita que había matado al primo? –elevó la voz Pedro convencido.
  -Eso fue hace mucho…
  -Sí, habían ido de caza y parece que se le escapó un tiro y le dio por la espalda.
  -Medio raro…
  -El qué…
  -Y esas cosas nunca se saben, andá a saber si no había bronca…
  -Esas cosas pasan, vieja… cuando andás con armas… y mucho más en el tiempo de antes, esas armas viejas fallaban, no son como las de ahora… ¿Habrá sido ese Vita?
  -¿El que disparó?
  -¡Pero mujer! ¡No va a ser el muerto! ¡Claro, el que le disparó!
   -No, no es ese, el que yo te digo que murió es más joven… cuando pasó eso nosotros ni siquiera habíamos nacido… yo lo recuerdo porque me lo contó mamá…
   -¿Qué Vita será?
   -Ahí llego Manuel –interrumpió Elena, oyendo el sonido metálico de la llave en la puerta.
   -Pensé que ya no venía…-dijo Pedro, sorprendido.
   Manuel llegó a la cocina. Saludó a con un beso a sus padres, puso el celular, la billetera y las llaves del auto en la mesa y se sacó la campera. No alcanzó a terminar de colgarla en el respaldo que ya tenía el mate frente suyo.   
   -¿Viniste sólo? –preguntó Elena.
   -Sí, Carla y los chicos están en lo de Gloria. Justo llegaron los primitos y se pusieron a jugar. Así que Gloria me dijo que viniera porque se nos va a ser tarde y parece que va a llover, además mañana viajo y me tengo que levantar temprano. ¿Qué cuentan?
   -Le conté a tu padre que me enteré que murió Vita, estábamos tratando de averiguar quién de ellos es.
  -¿Quién es Vita? –preguntó Manuel.
  -No sé bien –dijo Elena-, me lo contó la Chela en la verdulería, me dijo que andaba mal hace un tiempo… ah, y que parece ser que es porque trabajó muchos años en la curtiembre.
  -¡Te dije! –gritó Pedro, -¡Es el Chango Vita!
   Al instante pareció darse cuenta porque el rostro de Pedro se opacó.
  -Murió el Chango Vita… pobre Chango.
  -No, papá, el Chango Vita murió el mismo año que yo empecé la Facultad, si yo cursaba con el hijo, fui al velorio y todo…
    Pedro quedó consternado pero dejó traslucir en su rostro que recordó efectivamente que el Chango Vita ya había muerto.
  -Dame un minuto - dijo Manuel –y se sumergió en el celular.
  Afuera caían las primeras gotas.  
  -Lástima que no vinieron los chicos...-dijo Elena, luego reparó en el olvido y quiso repararlo -…y Gloria, por supuesto.
  -Para mi que es el Vita que trabajó en la estación de servicio –dijo Pedro.
  -Cuál…-preguntó Elena con desgano.
  -Uno grandote, morocho, era laburador pero muy jugador… tenía dos mujeres… siempre se dijo… vivía con la que tenía hijos pero después mantenía a otra…
  -Puede ser…-dijo Elena.
   En la tele pasaban un programa turístico con imágenes de Cafayate, el paisaje soleado sobre los viñedos y las montañas contrastaba con el gris oscuro de la tarde, casi noche, que se veía por la ventana.
   -¿Vos estuviste ahí, nene, no?
   Manuel no levantó los ojos del celular. Elena tuvo la misma sensación de siempre, que con ese teléfono está en otro mundo. Sólo escuchó la voz de Pedro.
   -Pero ese no era Vita de apellido, ahora que me doy cuenta, era Cabrera de apellido, Vita era la madre.
   -Este es Vita, papá –dijo sorpresivamente Manuel, como si despertara del letargo,  mostrándole la foto con el celular.
   -¿Cómo sabés? –preguntó Pedro con tono descreído, mientras se colocaba los anteojos.
   -Está en su Facebook, tiene como diez mensajes de condolencias, ¿lo conocés?
   Pedro se levantó y negó con la cabeza, apoyó los lentes nuevamente sobre el diario y le devolvió el celular. Caminó  hacia el pasillo que da a los cuartos. Lo dijo en voz baja.
   -Me voy a dormir.
   -¿Ya? –preguntó Elena.
   -Estoy cansado.
   Luego que cerró la puerta del pasillo Manuel miró a su madre perplejo. Era evidente el enojo de Pedro. Manuel levantó las cejas:
   -¿Qué le pasó?
   El gesto de Elena fue elocuente. Pero notó que Manuel no se había dado cuenta así que se lo dijo.
   -Hijo, tu padre disfrutaba de averiguar quién era ese tal Vita. Se lo buscaste en el telefonito y le arruinaste la tarde… qué querés que te diga.